Bellísimas personas

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Fotograma de la película «La ventana indiscreta»

Se oyeron gritos ¡Vete de mi casa! ¡Socorro! ¡Socorro!  María dejó de teclear en su ordenador y se quedó en silencio. ¡Socorro! De nuevo los gritos. Era una mujer pidiendo ayuda.  La voz parecía venir de la calle. Se asomó a la ventana y vio a una pareja en el bloque de enfrente discutiendo delante del balcón de su vivienda que estaba completamente abierto.

María, siempre tan apacible y discreta, tan poco amiga de problemas, se quedó paralizada unos segundos.  Entonces recordó tantas noticias de agresiones, tantas muertas, tantos casos. Cogió el teléfono sin dejar de mirar por la ventana.  Los tonos de llamada ya sonaban y en ese momento la mujer se dio cuenta de que la estaban observando. Cerró bruscamente la puerta del balcón y corrió las cortinas de forma airada mientras lanzaba a María una mirada acusadora, reprochándole su intromisión. Y la parálisis volvió. Colgó el teléfono justo cuanto al otro lado de la línea contestaban.

Tampoco habló cuando tres meses más tarde una cadena de televisión vino a entrevistar al vecindario por la noticia de una nueva víctima de la violencia de género. Oyó decir a varios vecinos lo buena pareja que era y calló. Aseguraron que eran unas bellísimas personas, que se llevaban muy bien y calló. Dijeron que nunca nadie sospechó nada.

Y calló.