Jardines interiores

Y entonces cierras los ojos y descubres que tienes un jardín por dentro.
A la sombra del platanero, bajo una fuente de piedra con angelotes como de otra época te refugias
mientras oyes el agua cantar.
Y te concentras en ese minúsculo espacio húmedo, cálido y blando.
Te concentras mucho para no oír el tráfico.
Para no oír el retumbar del corazón y las arterias putrefactas de la ciudad que te asedia.
Y te quedas allí en otro lugar, en otro tiempo,     en un instante eterno
bajo los helechos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s