Llover

Para ver bien llover hay que subir a la cima. El cielo se torna gris como un puño cerrado y derrama un agua preñada de esperanzas que empapa la tierra seca, áspera. La transforma en materia suave y blanda y por un instante despierta la semilla oculta entre los pedregales. A veces subo a la cumbre del tiempo detenido para sentir el trueno rompiendo el aire caliente. Miro el rayo fugaz que le precede. Enjuago  penas y  huesos con la lluvia sanadora que lava la pátina amarga de los días presentes.

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