Certeza

El martes estuve con él. Paseamos por la
Casa de Campo. El paisaje era un poco
deprimente, con los patos inmóviles flotando
sobre el lago de aguas turbias. Con las primeras
putas que comenzaban a aparecer. Y el frío.
Como el que había entre ambos.
No quise hacerle daño. Me lo he repetido
tantas veces. Sin embargo, allí paseando entre
los árboles desnudos con el viento invernal de
Madrid cortándome la cara, me pregunté por
primera vez si en realidad a quien hice daño fue
a mí misma.
Me pregunto si cuando pasen los años
seguiremos viéndonos. Tengo la certeza de
que no. Casi puedo verlo perfectamente:
casado, con un niño o dos quizás, mientras yo
sigo sola. Y tal vez un día nos encontremos. Y
hablaremos de cosas banales dejando de lado
todas aquellas que de veras queremos preguntarnos. Y después de todo, seguiremos siendo
ambos los mismos desconocidos que se
cruzaron un momento antes. Volveremos a
nuestras casas con un nuevo vacío en el
corazón porque nos daremos cuenta de que el
otro ha muerto hace muchos años, justo una fría tarde de invierno en Madrid, paseando entre
los árboles grises de la Casa de Campo,
mirando a las putas madrugadoras que se cruzan en su camino.

Extraído de “Paraguas de colores para días grises”

2 comentarios en “Certeza

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