Una estación

En un recodo de la Alcarria hay una vieja estación varada entre campos de girasoles en la que los trenes ya no se detienen. Es el cadáver de la memoria, como el cuerpo de un cetáceo desnortado que aún lucha por salir a flote esquivando el envite de las olas amargas del tiempo presente. Pero las golondrinas anidan en los aleros descarnados y aún se atreve a dar frutos el ciruelo que plantó el último habitante.

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