La náusea

Me sube un regusto amargo a la boca cada vez que me obligan a pronunciar su nombre. Yo lo intento pero la erre se me encasquilla en la tráquea y termina por provocarme arcadas. Me tengo que ir al baño minúsculo de la comisaría y vomitar. Como si con eso me purgase el asco que me invade las entrañas. Como si así pudiera rebobinar el tiempo y con cada bocanada de vómito pudiera ir hacia atrás, hasta el momento en que le dije que sí, que me acompañase a casa. Y decirle que no. Que mejor me iba sola. O en un taxi. Ya de vuelta en la sala me piden que continúe, que es necesario, pero no puedo. Yo solo pienso en irme y meterme en la ducha otra vez.Así que termino por sacar el móvil y mostrárselo. Solo tengo que buscar en el grupo de Whatsapp que más uso. Ese que se llama «Mis mejores amigos».

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