Enlace a la entrega de premios de la VIII edición del certamen literario Madrid Sky

Blog y taller literario del grupo de escritores: Primaduroverales

Hoy jueves 24 de junio de 2021 a las 19.00, tendrá lugar el acto telemático de entrega de premios al que se podrá acceder mediante el enlace que publicamos al final de esta entrada. En el acto se darán a conocer los tres autores y los relatos ganadores de la VIII edición del certamen de cuentos “Madrid SKY”. Tendrá una duración aproximada de 35 minutos. Posteriormente celebraremos una tertulia entre los asistentes.

Este año, como el anterior, las cuantías de los premios son las siguientes:

 

Enlace a la entrega de premios

 

https://us02web.zoom.us/j/81749947484?pwd=Y2lBK1hkanFRZmdCMFI5WUlnZjJkUT09

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Hombres de alquitrán

Por Carretera, Marca, Tráfico, Asfalto, Nota


La niña dice que aparecen en cualquier sitio. Bueno, que aparecían. Hace tiempo que ya no los ve. Ella los llamaba «los hombres de alquitrán» porque son negros, muy negros, pero con esa apariencia esponjosa como de piedra pómez propia del alquitrán. En realidad no son hombres. Son siluetas con forma de persona. A veces están en el salón sentados delante del televisor, otras sentados en la cama. Y, lo más inquietante, siempre se sujetan la cabeza pensativos, cabizbajos, como si estuvieran preocupados, llorando o mesándose los cabellos.

La niña me cuenta que empezó a ocurrir al trasladarnos a esta casa. Ella era pequeña. Recuerdo que por aquel entonces no nos terminábamos de acomodar a estas paredes, a estas habitaciones que se nos hacían demasiado grandes para nuestros cuerpos mínimos de simples trabajadores tocados por la gloria efímera. Porque sí, fue un golpe de suerte lo que nos trajo a ella. Al menos lo creímos al principio. Luego ya no. No cuando llegábamos del trabajo exhaustos para pagar las facturas que requerían el mantenimiento de este sueño: esta casona grande que reinaba sobre una colina a las afueras de la ciudad gris y mediocre. Pero nos tumbábamos cada noche en el jardín trasero con un gin-tonic en la mano para brindar por nuestra suerte mirando de reojo el edificio tan hermoso, tan nuestro. Y tan lleno de ese aire vacío y espeso que se resistía a entrar en los pulmones. La niña aún correteaba ajena a todo, pero sus risas se iban apagando. Poco a poco dejó de reír por cualquier tontería como hacía antes. Nosotros también. Mientras uno estaba en la biblioteca, el otro deambulaba por el desván procurando evitarnos para no leer en nuestras miradas la nostalgia mutua. Y los hombres de alquitrán mientras tanto, ocupando el lugar de nuestros cuerpos. Aovillados llorando, lamentaban la perdida de no se sabía qué.

Ahora lo sé. Ahora que la niña no es niña, que solo viene de visita y procura no quedarse demasiado. Ahora que llevo aquí décadas sola, desde que su padre se salió con el coche en aquella curva mal peraltada y llena de gravilla, sin suficiente alquitrán para que los neumáticos no resbalasen. Ahora que me lo cuenta lo he entendido. Porque yo también hace tiempo que los veo con estos ojos de vieja que vislumbran el portal que conecta los mundos oscuros que nos habitan. Y comprendo que no somos más que nosotros mismos: la sombra de nuestros deseos cumplidos, de nuestros sueños por cumplir. La tristeza hecha materia porosa y negra que vamos dejando, ensuciando todo a nuestro paso. El perro también los ve. Los huele, por supuesto. Capta el olor acre del miedo antiguo. Hace lo que puede. Lame el suelo a mi paso y por las noches se acurruca a mi lado para protegerme de mí misma. Él también lo entiende.

#sueñosdeGloria #zenda

Acto de entrega de premios de la VIII edición del certamen Madrid Sky

Blog y taller literario del grupo de escritores: Primaduroverales

Por segundo año consecutivo no va a ser posible realizar el acto de entrega de premios de nuestro concurso “Madrid Sky” en un salón de actos y con la presencia de todos los finalistas, como nos hubiera gustado.

Haremos un acto por videoconferencia el jueves 24 de junio de 2021 a las 19.00 al que se podrá acceder mediante un enlace que publicaremos ese mismo día por la mañana. En el acto se darán a conocer los tres autores y los relatos ganadores del octavo certamen de cuentos “Madrid SKY”. Tendrá una duración aproximada de 35 minutos.

Este año, como el anterior, las cuantías de los premios son las siguientes:

En el acto presencial siempre hemos querido dar…

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«Estoy aquí»

Yo tuve una gata

que se llamaba Cleopatra.

Cleo, para acortar.

Era una gata elegante y refinada

que ronroneaba

con voz de cascabel

y se movía sinuosa por la casa,

dueña absoluta de sus dominios.

Paseaba su minina presencia

con un porte indiscutible

de reina gatuna.

Trepaba suavemente con sus garras por mi espalda

y, a veces, cuando estaba triste,

se me acurrucaba.

Mi pequeña tigresa emperatriz del Siam

tenía unos ojos azules como el mar sereno.

Pero podían tornarse en galerna

en cualquier momento.

Cuando yo escribía posaba su patita

sobre mis manos, juguetona.

Dormía aovillada a mis pies, inseparable.

Por las mañanas me miraba al espejo

para quitarme el sueño.

Me lavaba, me cepillaba el pelo y

ponía color a mis mejillas.

Ella se asomaba detrás de mí observando mi reflejo,

curiosa y satisfecha.

Al salir de casa me despedía

con un maullido corto y lastimero:

«Vuelve pronto».

Recuerdo que acababa de morir mi abuela

cuando Cleo llegó a mi vida.

Pasaba yo largas noches

llorando su ausencia.

Buscándola por la casa

en el aire que ya no ocupaba.

Y entonces mi gata saltaba a mi regazo,

más consoladora que mimosa

y me miraba fijamente —lo juro—

con los ojos mismos ojos gatunos

que tenía mi abuela.

Y me decía con un maullido alto y claro:

«No llores. Estoy aquí». 

Colaboración para la revista «Profesor Jonk»

La rabia

La rabia es una calle cortada 

camino de ese trabajo gris 

al que no quieres llegar. 

Pero la rabia maldice, 

blasfema contra la barricada repentina. 

Y en vez de dar la vuelta 

en dirección contraria 

busca una vía alternativa

para seguir existiendo la rabia en ti.

Es un atasco intempestivo 

en las arterias de la ciudad inhóspita 

que te habita.

Es la rabia de un color amarillo verdoso 

como la flema que suelta en la acera 

el borracho que camina justo delante.

La rabia es no haberte acordado

 de esa cita en tu agenda, 

la única que de verdad importaba.

Yace contigo la rabia 

acompañándote en noches insomnes 

de lunas tremendas. 

El ojo de cíclope que te observa desde dentro 

se alimenta de ella. 

Y por las mañanas te recibe 

con olor de mirlos muertos 

y sabor de flores pisoteadas 

en el parque cercano

camino del trabajo.

Colaboración para la revista «Profesor Jonk» https://profesorjonk.com/2021/06/10/hoy-nos-visita-sara-nieto-y-su-poesia/

Finalistas del VIII Certamen Literario Madrid Sky

Decir que estoy emocionada es poco. Además, me han abierto las puertas de su casa unos anfitriones maravillosos.
Espero veros a todos aunque sea en virtual el día 24.
¡Ay, qué nervios!

Blog y taller literario del grupo de escritores: Primaduroverales

Notificación de la asociación Primaduroverales

VIII Certamen Literario Madrid Sky

 

La asociación PRIMADUROVERALES, Grupo de Escritores, con relación al VIII Certamen Literario Madrid SKY, tiene el placer de comunicar:

  1. El jurado de la VIII edición del certamen literario Madrid Sky ha estado compuesto por Dª Patricia Collazo González (ganadora de la VII edición), Dª Elena Bethencourt Rodríguez (segundo premio de la VII edición), D. Raúl Clavero Blázquez (tercer premio de la VII edición), D. Josu Bilbao Munitiz (miembro de la asociación Primaduroverales) y D. Juan Santos Santos (miembro de la asociación Primaduroverales y presidente del jurado). Como secretario del jurado, sin voz ni voto, ha actuado D. Vicente Moreno Nieto (miembro de la asociación Primaduroverales).
  2. El jurado constata que a la VIII edición del certamen literario se han presentado 317 relatos que cumplían las condiciones de participación.
  3. El jurado, reunido telemáticamente, comunica que los ocho relatos finalistas son los…

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Un patio lleno de flores

Cuando se marcha una persona que siempre ha estado ahí desde el día en que naciste. Que forma parte de tu recuerdo desde que tienes memoria, algo se astilla por dentro. Te crees a estas alturas invencible ya. Piensas que la costra que has ido creando en tu interior no puede ser traspasada fácilmente. Pero no cuando se muere una figura de tu universo infantil, que es al fin y al cabo, el único universo que siempre nos acompañará. Porque no somos más que los niños que fuimos, enterrados bajo una capa de artificios que aprendimos a colocarnos o que nos colocaron sin quererlo. De vez en cuando nos permitimos conectar con ese yo tan nuestro y genuino. Ese yo niño, desnudo, que solo los que nos vieron crecer conocen y solo a ellos permitimos ya en la edad adulta acceder.

Mi mundo infantil, mi yo más auténtico vive para siempre en una pequeña aldea de un pueblo extremeño. Concretamente habita el interior de una casa revestida de piedra de pizarra con olor a brasero, donde vivirán hasta el día de mi muerte mis dos abuelos, con el mismo aspecto, las mismas caras y las mismas conversaciones, ajenas ya al paso del tiempo. Recorre apenas un par de calles, que ni siquiera están asfaltadas y llega hasta la vuelta de la esquina, a otra casa igual de vieja, con un pequeño patio en la entrada lleno siempre de flores. En un rincón de ese patio hay un aljibe misterioso. —Aljibe es una palabra que siempre me acompañará también—. De ese pozo con aires árabes se extrae el agua para regar las innumerables macetas que siempre hay y siempre habrá. Aunque en los últimos años hayan ido desapareciendo al ritmo que los dolores y las arrugas de su propietaria iban aumentando: mi Tía. En realidad, mi tía lejana. Pero tan cercana como la vecindad permite. Tan cercana como lo es para un niño el entrar y salir de su casa como «Perico».

Con cinco, seis, siete años, el mundo ofrece infinitas posibilidades aunque sea en un espacio tan aparentemente reducido. La curiosidad a esas edades se alimenta del más nimio detalle, como ver a mi tía arrodillada limpiando las damajuanas con un puñado de arroz y un chorrito de agua. Agitaba con brío la botella, los granos de arroz golpeando las paredes de vidrio y arrastrando la suciedad en un ritmo casi musical. Mis ojos de niña quedaron para siempre hipnotizados con el truco de magia cuando la vaciaba y se veía reluciente por dentro. Se me cuela sin remedio en ese recuerdo mi tío, que muchas veces entraba recién llegado del campo de regar el huerto, con su cigarrillo colgando de su labio inferior en imposible equilibrio y con un perrillo detrás que se llama y se llamará siempre Sombra. Porque mi tía, mi tío y Sombra ya se han convertido los tres en figuras inmortales de un diorama que a partir de ahora visitaré con nostalgia.

A medida que pasaron los años y la adultez se apoderó de mí, mi mundo se expandió. Dejé de ir a la casa del patio de mi Tía tan a menudo. Y cuando lo hacía encontraba cada vez más similitudes entre ella y mi propia abuela —que ya se había marchado siendo yo apenas una aprendiz de mujer—, a medida que envejecíamos ambas. Y empecé a apreciarla más aún, con la misma certeza con la que se guarda un tesoro efímero dentro de una cajita de cartón, lo suficientemente fuerte el cartón para mantenerlo oculto pero tan frágil que una lágrima pueda deshacerlo.

Hoy se ha roto la cajita. Se ha desvelado el contenido: un cuerpo anciano y maltrecho, medio olvidado en la tempestad de soledades que se ha desatado en los últimos dos años. Pero al mismo tiempo se ha ido a vivir para siempre en el hueco que ha dejado en mi recuerdo.

Un cuento

De pequeña leí un cuento que recuerdo así. Trataba de dos hermanas que caían a un pozo muy profundo. Desesperadas, pensando que no había salida se pusieron a llorar. Pero de repente se dieron cuenta de que había un pequeño túnel por el que escapar. Pasaban por numerosas estancias y completaban pruebas. Finalmente conseguían encontrar la salida y subían a la superficie. Habían corrido grandes aventuras pero lo más importante es que habían aprendido muchas cosas.

Pienso que a veces hay que descender mucho para encontrar el camino de vuelta a casa. Y que cuanto más se desciende más fácil es seguir la senda de regreso.

Me encantaba este cuento.

Centinela

Ahí va un humilde, muy humilde homenaje al gran Antonio Machado

Guarda, centinela callada,
La higuera noble
Los campos de Castilla.
Esa tierra seca, humilde y llana,
que acoge bajo su coraza

de madre abnegada, sencilla,
los ojos del viajero
de cualquier orilla.
Pasa, caminante, pasa.
Que aquí se queda Castilla,
tierra sin mancha,
con su orgullo arado
y su sudor noble surcando
las manos que sujetan su cayado.