Circenses

Definitivamente la mejor manera de canalizar mi vocación de trapecista frustrado era colgarme de ti. Cada mañana en la oficina pirueteo asido a tus pestañas mientras hablamos de informes. Me doy impulso en el rojo de tus labios para saltar de una palabra a otra. Cuando no miras pruebo a hacer cabriolas de tu pecho a tus cintura. Ayer, al salir del trabajo, viendo el contoneo sinuoso de tus caderas, tomé la decisión: dar el triple salto mortal. Y sin red. Hoy
es el día, estoy a punto de lanzarme al vacío, pero apareces en el escenario enganchada de ese forzudo recién llegado. Tu número es más temerario aún que el mío: haces unos equilibrios tan lastimosos que prefiero abandonar el espectáculo y prestarte la red. Está claro que la necesitas más que yo.

4 comentarios en “Circenses

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