Un deseo


Llegó hace seis años. Es sólo por un tiempo, pronto volveré a por ti, le dijo su padre con lágrimas en los ojos. Hacía calor, recuerda.
Sería por julio más o menos. Cada verano se acerca a la verja donde se despidieron y arranca una de esas bolitas algodonosas que crecenentre la hierba. Cierra los ojos y sopla con
fuerza. Al principio deseaba que los vilanos le trajeran a su padre. Ahora cree que es mejor desear que ella misma se haga pequeñita,
pequeñita para poder volar hacia él montada en
una de esas semillas plumosas. Sor Piedad, que
suele observarla desde lejos, espera pacientemente para llevarla de nuevo a su habitación.

Paraguas de colores para días grises. Ed. Saralejandría. 2018

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