Terremotos

Temblamos de excitación con sólo sentirnos cerca aquel día. Tú esperabas en el zaguán a que mi madre te diera agua para los braceros. El calor era insoportable. Sabías que yo estaba en la cocina, alerta, sudorosa, apenas tapada con un vestido fino mi curiosidad. Todo pasó muy rápido. Los perros ladraron frenéticos, las vacas corrieron espantadas en el cercado. Mi madre salió a ver. Y apenas tuvimos tiempo de darnos cuenta de que el temblor ya no era solo nuestro sino que el suelo también se movía al ritmo de nuestras caderas.

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