Viajes interiores

Ale y yo preparamos este verano un viaje a Polonia. Pensábamos ir en tren (bueno, lo del tren había que consensuarlo con el resto de la familia) desde Madrid hasta Varsovia. La idea era pasar por París, Frankfurt y desde allí coger un tren a la capital de Polonia. Después, visitaríamos Cracovia y Broclaw. Miguel no veía claro ir a Polonia y no visitar el campo de concentración de Auschwitz. Pero yo tampoco veía claro hacerlo con dos hijas aún pequeñas para comprender tanto horror (aunque yo, que tengo mis años tampoco lo comprendo, la verdad). Val no tenía ganas de ir a ningún sitio. Está en la edad de la indolencia con un puntito existencialista que la hace resumir cualquier cosa con un escueto: ¿Y para qué? o Me aburre. El otro día me dijo que tenía el alma cansada o algo así. Siempre ha sido un fenómeno para clavar dardos en la conciencia. Porque la verdad, no me extraña que esté agotada por dentro. Yo también. ¿Quién no?

Elegimos Polonia porque es un país del Norte. Ale y yo tenemos una ventanita que da al norte. Al frío, a lo blanco de la nieve. A las líneas rectas y sencillas como el mobiliario de Ikea. Y sobre todo, no nos agradan estos veranos tórridos que se alargan hasta diciembre y que hemos creado a base de destruir el entorno. Cada gota de sudor enfermizo es una aguja que se nos clava en la piel y nos recuerda que estamos matando a nuestra madre Tierra.

A ella, que siempre ha tenido una sensibilidad especial para la estética y que no soporta ver las cosas fuera de su sitio, lo único que se le ocurre es buscar veranos fríos. Para compensar. El caso es que nuestro viaje a Polonia se truncó. Ni siquiera nos dio tiempo a sacar los billetes.

De repente nos vimos haciendo un circuito indoor del salón al baño, a la cocina, las habitaciones, el patio y vuelta a empezar. Que tampoco estuvo mal, oye. Porque nos conocimos hasta el último recoveco de la casa. Lo malo es que lo de comenzar viajes interiores a veces te lleva por laberintos que ni tú sabías que se escondían dentro de tí misma. Y en esas estamos, a ver si encontramos la salida.

4 comentarios en “Viajes interiores

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