Un poco de nostalgia en cien manos

Entre octubre de 2011 y julio de 2012 se gestó un hermoso proyecto llamado cariñosamente por todos los integrantes «Cienmanos». La idea consistía en publicar una micronovela por entregas. Cada semana un escritor y un ilustrador publicaban un microcapítulo en el blog colectivo: http://microcienmanos.blogspot.com/. Micro porque todos veníamos del mundo del microrrelato y sobre todo porque eran eso: capítulos muy cortitos. Fue una aventura maravillosa que vete tú a saber por qué ahora me viene a la memoria y no quiero dejar de recordarla en este mi actual blog. Aquí os dejo con mi capitulito correspondiente que tuvo que intentar seguir la trama del anterior y concordarla con la ilustración. Ah, y también con el enlace al libro en issuu: https://issuu.com/dididibujos.blogspot.com/docs/dididibujos.blogspot.com

Mi más profundo cariño para todos los compañeros que compartieron paternidad de esta criaturita tan hermosa.

Cienmanos by Juanlu López - issuu

Capítulo 31: Amor, ¿imposible amor?

Sentada en el suelo del laboratorio, los dos miraban a Paula expectantes. No terminaban de comprender lo que acababa de decir, pero sabían que tenía razón. Debían recomponer el tiempo, reparar la grieta por la que ya se habían filtrado demasiados errores.

—¿Y qué sugieres? —preguntó Víctor Tim.

Paula guardaba silencio, absorta en sus pensamientos. Su mente volaba tan solo unos momentos atrás. Aún notaba las manos de Sebastián recorriendo su cuerpo, la cálida humedad de su boca, su olor, su calor derramándose dentro de ella… De repente, su mirada se cruzó con la de Sebastián y ambos comprendieron.

—Paula, ¿me oyes? —insistía Víctor Tim.

—¿Eh?… Sí —contestó mientras trataba de recomponerse—. Yo digo que llevamos ya demasiado tiempo corriendo como ratones asustados. Propongo que vayamos tras los hombres calvos.

—¿Ah sí? ¿Y sabes dónde están?

—Yo sí —interrumpió Sebastián—. Bueno, sé dónde estuvieron hace muy poco. En el teatro me pareció verlos entre el público.

—Ahora que mencionas el teatro —dijo Víctor—, recuerdo oír mucho alboroto cuando terminó la función. Una mujer llamaba histérica a un niño y decía algo del escenario.

—¡Claro! —contestó Paula excitada—. Melquíades debía haberlo elegido para hacer su número. No creo que contase con nuestra aparición. Y la muestra es que se olvidó del chiquillo.

—¿Ernesto? ¿Enrique?… ¡Emilio! Sí, gritaba Emilio.

—Es probable que perdiésemos el libro al aparecer dentro del armario. Y si ese niño estaba allí pudo cogerlo él —sugirió Paula.

—No perdamos tiempo, vayamos al teatro —dijo Sebastián.

Pero Paula aún continuaba sentada, atando cabos mentalmente.

—No es posible, pero… Sí, todo concuerda. Nada es casual. Estoy segura.

—Paula, por Dios, ¿de qué estás hablando ahora? —dijo  Sebastián.

—Tu viejo profesor de la facultad, ¿cómo se llama?

—No veo qué… Espera: Emilio, se llama Emilio.

—Emilio es tu antiguo profesor, que está casado con Carmen, mi vecina, que me ha cuidado como si fuese de su familia… Y que siempre ha tratado de mantenerme apartada de su marido… ¿No lo ves? ¡Ese hombre es el niño de ahora!

—Vamos, en cualquier caso no hacemos nada aquí —dijo Víctor Tim.

Sebastián le tendió la mano para que se incorporase. Se miraron un instante eterno. Tenían tantas cosas que decirse… Al fin se separaron y Paula se encaminó hacia la puerta rápidamente. Justo a tiempo de darle la espalda para que no viera cómo acariciaba su vientre, aún liso, mientras las lágrimas bailaban en sus ojos.


2 comentarios en “Un poco de nostalgia en cien manos

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