Piedras

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Al terminar la guerra Tomasa se quedó sola con su madre, una pobre vieja prematura consumida por la pena de perder a un hijo en el campo de batalla y a una hija en la deshonra. A Tomasa se le hundía la madre cada vez más en un mar infinito de amargura y del qué dirán. Un día la pobre se sumergió tanto, tanto que ya no supo cómo salir a flote y allí se quedó, en el fondo, viviendo en un sueño hecho a su medida, con su pequeño Juan y su niña, inocente y pura. Ajena al mundo de la superficie, la madre se le mudó en un lastre, un peso muerto colgado de una hija que en seis meses había pasado de ser una muchacha alegre a convertirse en una pobre huérfana de hermano y madre. Una mujer sin rumbo, perdida en un lugar que ya no conocía, con una enorme piedra amarrada a su corazón y otra más pequeña creciendo en su vientre.

   Así que una fría mañana del mes de noviembre, de madrugada y en silencio, decidió dejarlo todo y perderse en un sitio nuevo. Cargó con lo poco que tenía, y arrastrando dos maletas llenas de desilusión y se fue a la ciudad, donde nadie las conociera.

Colaboración con El Bic Naranja para “Los viernes creativos” https://elbicnaranja.wordpress.com/2020/11/06/viernes-creativos-vamonos-de-viaje/

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