Lágrimas de abril

Dice Sabina que quién nos ha robado el mes de abril. Este abril extrañamente luminoso y sombrío a la vez. Este abril lluvioso que ablanda la tierra y los ánimos no nos lo han quitado, más bien nos lo han devuelto, con sus aguaceros y sus promesas de campos floridos. Este abril y aquel marzo nos ha colocado en nuestros hogares para apartarnos del camino de un enemigo microscópico y feroz y para enfrentarnos a otro más feroz aún: nosotros mismos.

Desde que nos escondimos en nuestras casas para evitar ese ataque invisible yo, personalmente, me encuentro en un continuo estupor. Cuántas veces he deseado poder estar en mi hogar, dueña de mi castillo y mis horas a mi antojo. Escribir así sería fácil, me decía. La rutina, los madrugones, el trabajo, las responsabilidades cotidianas son las que me impiden organizarme para sacar tiempo. Cuantas veces he oído aquello de «cuidado con lo que deseas, por si se cumple». Y aquí estoy. Más de un mes recluida en mi ansiado refugio. Habré juntado tres palabras con sentido desde que todo esto empezó. Y es que es tal el asombro con la película de ciencia ficción que está pasando ante mis ojos que no puedo concentrarme. ¿Cómo podría un personaje de novela narrarse a sí mismo? ¿Predecir su destino capítulo a capítulo? Se me ocurre que si acaso, el replicante Roy Batty fuera de los pocos en ser capaz de prever lo que iba a sucederle en su mundo distópico. Y ni siquiera creo que supiera que nos iba a dejar una de las frases más célebres de la historia del cine. No soy, no somos personajes de una historia ciencia ficción. ¿O sí? Si lo fuéramos espero que al menos sea yo capaz de escribir algo lejanamente parecido a las palabras de Rutger Hauer y que no se pierdan como lágrimas en la lluvia. Pero no terminar como él. De momento solo puedo ir desgranando reflexiones absurdas, insomnes.

Son las cuatro de la mañana. Otra noche más desvelada. Quizás siga lloviendo. Mi perra se ha acercado a curiosear qué narices hago a estas horas. Me mira y se sube a la cama a pesar de que sabe que le voy a decir que se baje (y porque sabe que al final la voy a dejar).

Es posible que llueva, sí. Es posible que todo sea un mal sueño y que los títulos de crédito estén a punto de salir con el sol. Al alba, pero sin temer a la madrugada.

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