El enemigo invisible

Epidemia, Coronavirus, Al Acecho, Virus, Corona

Que todo esto pasará ya lo sabemos. Los humanos volverán a salir de sus casas y a invadir sus ciudades, continuarán devastando el campo, los mares, todo. Pero estamos preparados. En cualquier rincón minúsculo, en cualquier momento, en cualquier otra forma volveremos a atacar. Han sido ya suficientes milenios de vida para esta especie que juegan a ser dioses. Y en cierto modo lo son, su inteligencia ha evolucionado para domar el planeta a su antojo, sin respetar nada.

Han aprendido a combatirnos y vencernos muchas veces. Ellos son cada vez más numerosos, más grandes, más fuertes, más inteligentes…

Pero nosotros somos legión.

Tiempo de pensar

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Historia. Libros de historia. Momento histórico. Es una palabra que me viene constantemente a la cabeza durante estos días. Historia viva, oigo decir. Estamos viviendo algo que recordarán generaciones, que se estudiará en los colegios. Pienso. En estos días pienso mucho.

Pienso que no sé si esto será tan realmente importante en la historia de la humanidad, tan único, tan irrepetible. Y me temo que no. Primero porque no es único, y segundo porque ya se ha repetido muchas otras veces. Y sobre todo, porque depende mucho de la humanidad de la que estemos hablando. Lo que pasa es que nosotros, los habitantes de la parte privilegiada del planeta somos muy etnocéntricos. Nos creemos que la vida gira en torno a nuestro ombligo y no. Nos lo está demostrando un enemigo gigantescamente invisible. Pero ¿qué pasa ahí fuera de nuestro mundo de algodón? En África, por ejemplo,  llevan décadas muriéndose a millones por otra epidemia de la que ya nos hemos olvidado porque ya no se muere ningún famoso, el  SIDA. O de ébola o dengue. O simplemente por hambre. O por guerra. Pero como no nos toca de cerca casi ni nos hemos enterado.

También durante la historia de nuestra civilización ha habido epidemias periódicas de peste, gripe y demás, pero como tampoco nos toca porque hay mucha distancia temporal muchos ni siquiera lo sabrán.

Yo me pregunto qué diferencia hay con esta nueva enfermedad que nos tiene a todos como locos. Supongo que es porque ha caído en países ricos, que está matando a ese grupo de humanos acomodados del planeta, aunque ese grupo de humanos sea infinitamente más pequeño en comparación con el resto de los que llevan muriéndose por falta de medicinas, comida o agua, o por enfrentamientos armados que se cuentan por cientos (por cierto con material suministrado por estos otros que ahora de repente hemos descubierto esa sensación de miedo e indefensión desconocida hasta ahora).

Pienso y sigo pensando que nosotros, los del hemisferio norte, estamos viviendo esto como una paranoia colectiva con datos al minuto de número de muertos, infectados y supervivientes. Encerrados en nuestras casas y con todo nuestro arsenal tecnológico a nuestra disposición, con la despensa bien llena y sufriendo porque no podemos ir al bar a tomarnos una cervecita o se nos va a acabar el papel higiénico. Pienso en cómo estarán viviendo esta nueva peste en esa parte del mundo que no está tan conectada a la globalidad. Pienso que igual no les importa tanto como a nosotros. Creo que no tendrán tiempo de regodearse en esta sensación de peligro tan adrenalínica y apocalíptica porque quizás están más ocupados esquivando las bombas o los fantasmas de todos los hijos muertos que vienen a llevarse a sus hermanos pequeños, que apenas sobreviven de la caridad del primer mundo que ahora les cierra sus fronteras aún más si cabe. Pienso mucho tal vez.