Espinas

Cerdeña, Nopal, Cactus, Planta, Frutas, Aguijón

Una vez conocí una mujer que era capaz de coger los higos chumbos con las manos desnudas. Crecía delante de su casa una chumbera enorme de palas cargadas de frutos que oscilaban del verde al anaranjado.

Fue hace mucho. En otra vida, en otro siglo, cuando fui niña de ciudad trasplantada a un pueblo extremeño de siestas eternas de silencio solo roto por el sonido de las chicharras. Una aldea aún decimonónica de mujeres vestidas de negro, chuchos corriendo por las calles sin asfaltar y gatos, cientos de gatos vagabundos. Y esas plantas raras tan espinosas creciendo por doquier. Ahora que lo pienso, un poco mexicano todo. O quizás sea México un poco extremeño…

A aquella mujer que se parecía mucho a Chavela Vargas, y no solo en el gesto, la recuerdo siempre trajinando de acá para allá con su mandil y sus zapatillas raídas. Tenía una sonrisa desdentada de la que a menudo escapaban sonoras carcajadas  llenas de sarcasmo hacia todos los que creían reírse de ella. A mí me causaba miedo y fascinación a la vez. Sobre todo cuando la miraba espantada manejando esas bolitas de color brillante llenas de espinas.

—¡Jajaja!, no me mires así que no me pasa ‘na’. ¿Quieres uno?

Enseguida cogía un higo por la base y con dos dedos lo pelaba sacando tiras en un santiamén. Me lo ofrecía, resplandeciente, húmedo y delicioso. Yo me quedaba obnubilada pero, aún pelado, me daba miedo tocarlo.

—¡Ea!, pues ‘pa’ mí si no quieres.

Y se lo metía en la boca sin dudar todo entero. A veces un hilillo dulce le asomaba por la comisura y resbalaba por la arruga que recorría su barbilla.

La verdad es que nunca probé uno. Me bastaba con mirar sus manos grandes y duras trabajando con el fruto erizado como si en vez de pinchos estuviera recubierto de terciopelo, e imaginarme cómo explotaba dentro de esa boca medio desdentada. Un caramelo especial para una mujer singular que agarraba los asuntos espinosos de la vida y les sacaba la piel para comérselos con descaro. Igual que los higos chumbos.

Hace mucho que desaparecieron. Ella y las chumberas.

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