Mientras dormía

Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. Mientras dormía, habíamos abierto todas las botellas de cristal del genio que nos retenía en aquella cueva. Al quitar los corchos salió de todo: espuma blanca de mar, con rumor de olas y aroma a sal, olor a hayedo sombrío y hasta una espectacular aurora boreal que iluminó su cara de desesperación. Se enfureció, y entre sollozos nos confesó que eran los últimos vestigios de sus antepasados. «Buscaremos más», dijimos. Entonces nos llevó a la entrada para mostrarnos un páramo inmenso de botellas de plástico. Quisimos volver a entrar pero solo pudimos oír el eco de su risa enloquecida.

 

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