Hannah

El nombre de mi hermana pronunciado en los labios de Hannah sabía a miel, olía a flores y desprendía un calor sofocante, incómodo, que hacía que tuviera que abandonar la habitación. Greta era preciosa: rubia y de ojos azules. Su amiga, sin embargo, era morena, delgada y de nariz aguileña. Y sus ojos negros brillaban con codicia cuando la miraban. Yo la odiaba porque cuando estaban juntas Greta no era la misma. Era mi deber protegerla de aquella chica sospechosa. Pero nunca imaginé que cuando los agentes de la Gestapo vinieran a buscarla, mi hermana se iría con ella.

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