Mi Leica mágica

oymyakon

 

(Relato galardonado con el premio “Tintero de Oro” del mes de diciembre de 2017 en el concurso del mismo nombre organizado por David Rubio desde su blog “Relatos en su tinta”)

Me bajé del taxi y ya llevaba unos metros andados cuando el taxista me abordó  por detrás y me entregó una cámara de fotos. —Tenga usted, que se le olvidaba—. Perpleja, no tuve tiempo de decirle que no era mía y cuando quise articular palabra el hombre ya estaba arrancando el coche.

Era una Leica bastante antigua, incluso para la época. Eso sí, hacía unas fotos buenísimas. Excepto por un pequeño detalle. Aquella maldita cámara cambiaba el fondo de algunas fotos. La primera vez fue una foto de Lucas delante de la fachada del British Museum en el viaje a Londres que hicimos al poco de conocernos en el 95. Cuando fuimos a revelar el carrete, el fondo que salía era el de las Pirámides de Gizeh. Dimos por hecho que fue un fotomontaje del de la tienda de revelado. Para hacer una gracia, pensamos. “Será imbécil, el tío. ¿No tendrá otra cosa que hacer?” Y lo dejamos correr.

El caso es que siguió ocurriendo de cuando en cuando, aun llevando los carretes a revelar a tiendas distintas. La verdad es que daba un poco de mal rollo la cámara. Pero hacía unas fotos tan buenas y a veces nos ponía en unos entornos tan maravillosos, que se convirtió en un aliciente más para viajar. No podíamos salir sin nuestra Leica mágica. Así, nos descubrimos viajando al Machu Picchu cuando en realidad estábamos retratándonos en Aranjuez. O subidos a la Torre de Pisa mientras en la vida real estábamos en el Acueducto de Segovia. Lo curioso es que solo ocurría cuando el fotógrafo era Lucas mientras yo posaba. O al revés. Nunca si quien apretaba el disparador o quien posaba era otra persona que no fuéramos nosotros.

Al final, Lucas empezó a cansarse de la puñetera cámara con vida propia que decidía por sí misma el mejor escenario para cada foto. Y es que, poco a poco, dejó de ponernos decorados de lugares exóticos y empezó a colocarnos en sitios anodinos y algunos decididamente feos.

Por más que te esforzaras en sonreír delante del Puente de Carlos en Praga, un día soleado de primavera —cariño, tírame un beso, anda. No te enfades, que vas a salir enfurruñado— la Leica se empeñaba en colocarte en una calle gris y lluviosa de cualquier sitio. Recuerdo que un día me esforcé como nunca en arreglarme. Había decidido dejar los antidepresivos y la terapia y pasar de una vez por todas del tema de los críos. Me puse una minifalda, unos tacones y una blusa y me pinté para comerme el mundo. Así, con la Playa de la Concha a mis espaldas le dije a Lucas: hazme una foto, mi amor. Y la puta cámara decidió ponerme en la puerta de una guardería rodeada de niños.

Me di cuenta de que a él ya no le colocaba casi nunca en el Caribe, acompañado de palmeras, aguas turquesas y guacamayos de colores, como hacía al principio. Nunca en  París, en el puente de Alejandro un día resplandeciente. O frente a la Casa de Julieta en Verona. Los escenarios sombríos, lúgubres empezaron a repetirse de manera alarmante coincidiendo con su carácter cada vez más agrio. Y a mí me pasaba lo mismo. Cuanto más me esforzaba en olvidarme de mis obsesiones, más se empeñaba en recordármelas en fotos desgarradoramente tristes.

Dejamos de usar la cámara hace tres años. Además, ya casi no encontrábamos sitios para revelar carretes. Pero el mes pasado tuvimos una cena especial con amigos y algo me hizo volver a usarla, a pesar de las reticencias de Lucas. Ayer, por fin, recogí las fotos reveladas. Todo bien, hasta que llegué a la foto de Lucas con sus amigos brindando por el año nuevo. Mi Leica mágica me reveló lo que sospechaba: borró a los amigos y le puso abrazado a una tía más guapa, más joven y con el vientre visiblemente hinchado. He de decir que no me sorprendió demasiado. Y que tampoco lo hizo el hecho de que a mí la Leica me colocara en mitad de una calle congelada de Oymyakon, el pueblo más frío del mundo.

 

Contribución para Los Viernes Creativos https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/12/15/viernes-creativo-escribe-una-historia-217/

 

 

 

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56 comentarios en “Mi Leica mágica

  1. Una máquina de coleccionista, un engendro tecnológico muy sensible, sin duda. No solo captaba el estado anímico sino que también tenía el dudoso don de la videncia, de la premonición, quizá. Yo la habría tirado al Támesis, al Sena o al Volga a la primera de cambio. Prefiero ignorar ciertas cosas, jeje.
    Muy buen relato.
    Un abrazo.

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  2. Hola Sara. Tu relato me ha resultado admirable. Tienes un estilo narrativo muy fresco para contar la historia. Y esta es muy original, con un toque fantástico que es algo que valoro mucho en los textos, sobre todo cuando convive con una trama realista. Un desarrollo impecable que conduce a un excelente desenlace. Mis mejores deseos en el concurso.
    Ariel

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  3. Me ha encantado. Es original y se lee muy bien. La vista se desliza por sus palabras sin obstáculos. De algún modo la cámara de fotos muestra aquello que está oculto, facilitando la toma de consciencia. ¡Yo también quisiera tener una cámara como esta! ¡Mucha suerte en el concurso!

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  4. Esta cámara parece evolucionar a la par que la vida de pareja se va apagando. Después de todo no retrata más que lo que tiene alrededor y es consecuente con el estado de ánimo de sus dueños. Tal vez la Leica mágica esté pidiendo a gritos un giro en la vida de los protagonistas, a riesgo de que de no hacerlo alguien termine muy muy congelado. Un cuento muy bien escrito Sara, con un estilo fluido y dinámico. Mucha suerte en el Tintero. Un saludo.

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  5. Llego a tu blog por el concurso El Tintero de Oro, Sara.
    Decirte que me ha parecido impecable el relato, en la forma y en el fondo. Quien tuviera una cámara capaz de captar eso que no percibimos a simple vista (o bien lo intuimos pero no lo queremos saber).
    Mucha suerte.
    Un beso

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  6. Hola Sara, y yo buscándote y animándote a participar (en respuesta al comentario que me habías dejado en el blog). Bueno, bueno, qué imaginación compañera. Me ha gustado mucho la originalidad. Esa leica, ese tercer ojo que toco lo capta, qué sensibilidad en la apertura y en el diafragma. Es un relato muy ameno con un texto rápido y muy elocuente; todos esos sitios, qué simbolismo con el estado de ánimo de la pareja, con la situación sentimental en la que se encuentran. Genial. Un abrazo y feliz año nuevo

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  7. Hola, Sara.
    Me ha gustado mucho tu relato, en verdad me ha parecido muy bueno y muy original, con ese toque de fantasía tan artístico. Sin hacer más comentarios sobre la cámara, sí te confesaré que me ha parecido muy ingeniosa la frase: “La verdad es que daba un poco de mal rollo la cámara”, jugando con el doble sentido de la palabra tratándose de una cámara antigua analógica.
    Te deseo mucha suerte en el concurso, aunque intuyo que no la necesitarás, así como un muy buen año 2018.
    Un abrazo.

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  8. ¡Hola Sara! Qué forma tan magnífica de hablar de las relaciones de pareja y de cómo las rutinas acaban por destrozarlas. Sin duda usar la cámara y los cambios de escenario para describir, primero la pasión y luego los cambios que llevan al abandono, ha sido un recurso magistral. ¡Enhorabuena! Espero que tengas mucha suerte en el concurso.

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  9. Hola Sara, me ha encantado tu relato y cómo describes los cambios en las relaciones de pareja. Sin duda, usar la cámara y los cambios de escenarios para describir la pasión, la rutina y el abandono ha sido un recurso magistral. ¡Enhorabuena! Mucha suerte en el concurso.

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  10. ¡Ay Sara! Qué alegrones me doy cuando tengo la suerte de leer un relato tan bueno como el tuyo, con los ingredientes de ORIGINALIDAD (es evidente) FLUIDEZ Y CLARIDAD (se agradece cuando la narrativa es limpia) VISIBILIDAD (con los fondos de las fotografía, cuando dices Venecia, veo San Marco o cualquiera de sus emblemáticos paisajes acuáticos o Segovia (su acueducto), y así con todas y cada una de las imágenes.Y añado un BUEN INICIO, pues enseguida atrapa; un DESARROLLO DE LA TRAMA más que correcta, manteniendo el interés; GRAN FINAL de traca incluida la infidelidad que se venía venir, pues a través de las sucesivas imágenes se retrataba la decadencia de la pareja, sin necesidad de contar lo obvio, simplemente mostrándolo, como has hecho tú Sara, y eso es de es-cri-to-ra.
    ¿Qué más se puede pedir de un relato?

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  11. Sara vengo del concurso el Tintero de Oro de David. Tu relato me ha parecido una maravilla escrito con esa fluidez y claridad que me encanta para poder entenderlo. Esa cámara analógica Laica que va descubriendo a través de los fondos y el paisaje, a esa pareja que cada vez estaban más tristes. . Como a la pareja misma, se notaba que entraban en la monotonía en la relación. ¡Suerte en el concurso! ¡Feliz Año Nuevo! Un abrazo.

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  12. Decididamente yo no quiero una cámara con vida propia que descubra tus estados de ánimo y te fotografíe según el que presienta en ti.
    Puede ser peligroso y ponerte en más de un apuro.
    Suerte.

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  13. Sara, me encantó tu cuento, definitivamente de mis favoritos hasta ahora. Con un gran tono fresco y buen ritmo. Maravillosa la idea de la cámara que lee tus pensamientos y te pone en ellos, qué triste la situaciones en las que eso luminoso que eran nuestros deseos se van tornando planos y aburridos…
    Gran texto que he disfrutado mucho!!

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  14. Hola Sara.

    Me has dejado sin palabras. ¡Qué buen relato!
    La idea de que la Leica retratase los deseos o sentimientos de los que posaban en sus fotos me parece muy original. Me has llevado de la mano por la relación entre estos dos personajes a lo largo del tiempo y, sin darme cuenta, me has contado todo un mundo interior. Su mundo interior.
    Has logrado un efecto fascinante. Es el típico relato que me guardo entre mis apuntes colegiales como ejemplo de lo que hay que hacer para crear un gran relato.

    Mi más sincera enhorabuena.

    ¡Me quito el sombrero!

    Mucha suerte en el concurso.

    Un fuerte abrazo.

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  15. ¡Hola Sara! Resulta que he leído tu hermoso relato varias veces y creía que te había comentado, ahora revisando veo que no..Me ha encantado esta historia tan original. Una máquina de fotos que tiene vida propia ¡qué sugestivo! A la vez da un poquito de miedo que decida solita, muy buena narrativa con un final que sorprende. Un abrazo Sara. Mucha suerte en el concurso.

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      • Son Alvin y las ardillas. Era un capítulo en el que uno de ellos inventaba una máquina foto matón para poseer fotografías de otros lugares pero en este caso la cámara se había estropeado y cambiaba de paisaje según el año que Le intrujeras a la máquina, mezclando atuendos, paisajes y situacion del siglo.

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  16. Ah, pues ya te digo que ni idea. Pero ya ves, supongo que los creadores tenemos un montón de sitios comunes en nuestra inventiva. Lo buscaré para verlo por curiosidad. Aunque te confieso que a mí personalmente esos personajes no me gustan nada (me ponen histérica esas vocecillas chillonas).

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