¿A qué sabe una sonrisa?

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Fotografía de Daniel Rueda

 

Suelto el paraguas, la correa de la perra y el abrigo nada más entrar. Más bien lo dejo caer en el suelo y corro hacia el sofá, que aún conserva mi silueta hundida. Mi madriguera. En la mesa, dos bolsas de patatas fritas, un envase de helado medio derretido y mis ilusiones rotas. Roxi me mira con sus ojos redondos y dulces de niño pequeño. Me arrima el hocico. Le niego la caricia y finalmente se tumba dispuesta a acompañarme en mi duelo. Hoy solo me apetece bajar a mi infierno, dejarme visitar por mis fantasmas. Y si no fuera por Roxi y sus inoportunas ganas de mear podría regodearme en mi desgracia tan a gusto y sin interrupciones. No tendría que ir a la calle a ver el mundo exterior y darme cuenta de que, a pesar de todo, la vida continua. La gente camina apresurada hacia sus trabajos, los ancianos pasean y los niños corren y saltan. Y a veces, cuando ya no pueden más o están cansados hablan y les oigo decir cosas que dan que pensar. “¿A qué sabe una sonrisa? A caramelo de limón. Pues a mí, a tarta de fresa. ¿Y a qué huele? A tierra mojada. A la colonia que usa la abuela. A bizcocho recién hecho. A mí me suena como si fueran cascabeles. ¡Sí!, y a pajaritos cantando temprano también. Y es de color rojo. ¡Si! Rojo, pero muy rojo, como el pintalabios de la Seño Eva.”
Niños.

Comienza a dolerme la espalda de no cambiar de postura en el sofá. Va siendo hora de levantarse. Tengo hambre. Voy a la cocina y sin saber muy bien porqué saco una receta antigua de mi madre. Bizcocho de limón. Una hora más tarde, mi casa desprende un olor dulce. Antes de irme a la cama me miro en el espejo por primera vez en cuatro días y ahí está, un atisbo de sonrisa. Acabo de decidirlo: mañana pongo el despertador a las siete. Ah, y le voy a comprar un cascabel a Roxi.

® Sara Nieto

Colaboración para Los viernes creativos https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/09/29/viernes-creativo-escribe-una-historia-206/

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4 comentarios en “¿A qué sabe una sonrisa?

  1. Me ha encantado la forma de relatar el comportamiento y el estado anímico de alguien que sufre ese bajón emocional, o “depre”, que hace que uno se encierre en sí mismo y se aísle del mundo exterior hasta que cualquier cosa le empuja a levantarse y volver a sentirse vivo. El detalle de la perrita me ha resultado muy tierno. Yo tengo un perro y parece mentira cómo es capaz de adivinar si me siento bien o mal.
    Un abrazo.

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