Mi mapa del cielo

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Fotografía de Geir Moseid

Se llamaba Celeste.  Yo terminaba el doctorado en  Astrofísica.  Ella nunca  me dijo qué hacía. Durante varios meses coincidimos sin falta cada noche de viernes en la taberna del Gato, sin haberlo acordado previamente pero puntuales a la cita. Luego, por la mañana solía desperezarme en su habitación, en aquel piso compartido minúsculo y viejísimo del barrio de Malasaña. Recogía mi ropa apestando a tabaco y alcohol y balbuceaba alguna excusa del tipo “tengo que estudiar”, o “el lunes tengo que entregar un trabajo”. Entonces ella se daba la vuelta y decía con una voz tentadoramente socarrona “puedes repasar la lección en mi espalda” y me mostraba su piel  blanquísima plagada de lunares. Yo no podía resistirme a dibujar con mi lengua sobre ella la constelación de Andrómeda, el Dragón o el Cisne.  Desde entonces, cada vez que observo el cielo nocturno no puedo dejar de pensar que las estrellas tienen un delicioso sabor salado.

 

Contribución para “Los viernes creativos” https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/07/21/viernes-creativo-escribe-una-historia-196/

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Navegar sin temor

grandfather-2391461_960_720Sopló las velas del barco con todo el aire que sus pulmones de fumador redimido le permitían. Era un galeón precioso construido a escala, perfecto, armado primorosamente durante los últimos cuarenta años. En todo ese tiempo jamás había consentido que sus hijos lo tocasen. Pero entonces, en aquel parque y a sus setenta y tantos, se arrodilló  trabajosamente junto a mí a la orilla del lago sin dudarlo. Sólo por un instante me pareció entrever cierto temor de contemplar  su gran obra sumergida.  Sin embargo, no pudo reprimir una sonrisa enorme, la más sincera sonrisa infantil que he visto nunca, cuando yo grité entusiasmado: ¡abuelo, mira como flota!

Curso del 88

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Aquí estás, como si no hubiera pasado el tiempo. Como cuando volvías de las vacaciones con ganas de ver si el nuevo curso era eso: nuevo. Y sientes exactamente lo mismito. Odias a todo el mundo y darías lo que fuera por desaparecer de esa puta fiesta a la que no sabes muy bien por qué has ido. Te has bebido cuatro o cinco pelotazos a ver si así pero ni por esas. Pensabas que estos veinticinco años habrían cambiado las cosas y ves que no. Begoña López sigue siendo “la pija”: quince kilos más y unas patas de gallo que intenta camuflar sin conseguirlo, pero la misma mema estirada. Nico el Chincheta pretende hacernos creer que ya no se siente el payaso de la clase restregándonos su éxito en los negocios. Y yo ¿a quién quiero engañar? A pesar de mis dos carreras y mi máster en el extranjero sigo siendo el raro. Por eso cuando el Mocos saca el móvil para la foto de rigor, la Bego se me acerca sacando su mejor sonrisa falsa y no puedo evitar que  el corazón me pegue un salto en el pecho. El Chincheta se arrima como quien no quiere la cosa chupando cámara. Y siento como si detrás de mí estuviera Jaime el Chivi vuelto del pasado con la pistola de su padre, la misma con la que se voló la tapa de los sesos, me la pusiera en la cabeza y disparara al mismo tiempo que salta el flash.

 

Colaboración para “El viernes creativo” https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/07/14/viernes-creativo-escribe-una-historia-195/

Las ventanas

Ay Manolo, tus ojos. Siempre tus ojos. Parece increíble cómo conseguiste enamorarme sin apenas pronunciar palabra. Tus ojos eran mi ventana al mundo.  Me gustaba acodarme en el poyete y mirar el parque donde jugaban nuestros hijos. La iglesia donde nos casamos, como Dios manda, o las tardes de domingo en la última fila del Cine América donde nunca conseguimos ver ni una sola película.  Cuando me sentía algo perdida me asomaba a tu mirada y me reconfortaba ver que todo estaba en su sitio. Pero de repente un buen día, perdí de vista a los niños. Ya no estaban las risas, los abrazos infantiles, la plenitud maternal. Ya no estaba el parque. Los te quieros se me empezaron a borrar y sólo veía a tu madre entrometiéndose. Resaltaban en el paisaje tus retrasos cada vez más frecuentes, tus malas caras porque la comida sabía a quemado.  Sin saber por qué fijaba mi mirada en la tapa levantada del váter, en las zapatillas malolientes, en la ropa tirada por cualquier parte y en las contestaciones soberbias del niño, que si vieja esto, vieja lo otro. Los gritos a veces, los insultos mascullados otras: este-hombre- es-idiota, pareces-tonta, el sudor, los ronquidos, los pedos.  La escena del día en que la niña dijo que se iba de casa porque no nos aguantaba más se me repetía como un bucle agónico.  Me cansé de mirar y no verme.  Busqué y busqué hasta que descubrí  que yo tengo un balcón, qué digo, una terraza enorme con vistas a un horizonte que no pienso perder de vista. Adiós Manolo, cojo mi maleta y cierro la puerta para no volver. Y por supuesto, cierro la ventana.

 

Contribución para Los viernes creativos https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/07/07/viernes-creativo-escribe-una-historia-194/

El inconformista

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«Nature’s Reflection», Icy and sot

Ignacio Martínez Corral era un niño caprichoso. Lo mismo se le antojaba una piruleta que, según la agarraba, decidía que se moría por un helado. Con el tiempo y la edad, los caprichos fueron aumentando. Cambió tres veces de vocación: de estudiar  Medicina, pasó a Informática y de eso a Filología Portuguesa en Lisboa. Fue allí donde, entre fados trasnochados, conoció a una mujer que le hizo olvidar de repente al tercer amor de su vida. Más adelante, a orillas del Tajo, la segunda lisboeta de la que se enamoró le habló de la magia de aquel  río que transportaba deseos hacia el océano. Miró su aguas oscuras y se vio reflejado: un ir y venir constante, una búsqueda sin fin de un no sé qué que le faltaba. Y entonces quiso ser agua: corriente libre y marina. De pie, haciendo equilibrios en el borde del puente del  25 de abril,  cerró los ojos y lo deseó con tanta fuerza que al final lo consiguió. Ahora se pasa el día llorando por convertirse en nube.

 

Contribución para “Los viernes creativos” https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/06/30/viernes-creativo-escribe-una-historia-193/